Gerbera
06 septiembre 2009
No sé porqué, al subir las fotos esta vez me ha bajado la saturación de los colores y parecen un poco más grises. Los originales están mejor.
Leer entre líneas
26 agosto 2009
Uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos es el lenguaje políticamente correcto. A veces usamos frases que suenan muy bien, pero que tienen en realidad otro significado.
"Soy muy sincero/a"/ "Confía en mi" - Esta persona miente el 98% de las veces. Lo más curioso es que normalmente llega a creerse que es realmente sincero. No obstante, esta frase suele venir acompañada de otra que es preciso creer... así que son dos frases a poner en tela de juicio.
Cuando alguien es realmente sincero, no dice que lo es, sino que acompaña sus afirmaciones con alguna prueba.
"Digo lo que pienso" - Esta es de mis favoritas. Es una excusa. La persona que usa esta frase no dice lo que piensa, sino que critica a los que no opinan como ella. Y cuando esto le crea enemigos, dice "claro, porque yo digo lo que pienso". ¿Cuántas veces hemos oído a alguien que usa esta frase felicitando a alguien? ¿Es que no "piensa" que algo está bien?
"No tengo prisa" - Esta es típica de un chico cuando habla de sexo con una chica que, siguiendo sus instintos, no está segura del todo. En realidad quiere decir "acuéstate conmigo y déjate de tonterías"
"Cuenta conmigo" - Si se puede o no contar con alguien es algo que se siente. Si necesitas precisarlo, es que algo va mal.
Por último, la mención especial a "cuelgo el teléfono porque estás diciendo tonterías". A veces creemos que no podemos ayudar más a una persona estancada, o nos aburre con los mismos problemas de siempre, o no queremos mentirle, o realmente nos importa un pimiento. Entonces se usa esta excusa; la otra persona se siente idiota o castigada y puede que solucione el asunto o que busque ayuda en otro. Y nos deja en paz, que es el objetivo. Tiene algo de malo, y es que hay quien recurre a ti porque es en quien más confía o porque es algo con lo que sólo tú puedes ayudar. A partir de este punto, o no se repone y se hunde, o se repone y lo arregla sola. Sale de tu vida discretamente y tú pasas a ser "el/la que le dejó tirada cuando más lo necesitaba".
No debes sorprenderte por eso porque es lo que has hecho. Alguien ha recurrido a ti y tú no respondiste. Si tu recurres a esa persona después, o tiene un corazón enorme, o probablemente te diga educadamente que soluciones tus problemas.
En este punto he de agradecer a mi mejor amigo que me enseñara el modo adecuado para actuar en estos casos. Reconozco que tengo tendencia a nadar en círculos y que soy realmente desesperante. La frase es algo así como "... le estás dando vueltas a lo mismo en lugar de buscarle un remedio. Yo no lo puedo solucionar por ti. Y además te estás poniendo pesada, así que no quiero hablar más de este asunto hasta que hayas hecho algo para arreglarlo. [pausa dramática] ¿Qué tal llevas el... " Por un lado, te dice claramente la situación; por otro, ofrece su mano si hay algo que puede hacer, además, se interesa por el resto de tus asuntos y cambia de tema para que dejes de rayarte.
Claro, lo malo es que cuando sabes cómo se hace cuando quieres ayudar, a la que te cuelgan un teléfono a modo de castigo ya sabes que a) Estás molestando y b) No le importas.
Corazón de neón
19 agosto 2009
Etiquetas: Poesía
La ciudad donde vivo ha crecido de espaldas al cielo,
la ciudad donde vivo es el mapa de la soledad,
al que llega le da un caramelo con el veneno de la ansiedad,
la ciudad donde vivo es mi carcel y mi libertad.
la ciudad donde vivo es el mapa de la soledad,
al que llega le da un caramelo con el veneno de la ansiedad,
la ciudad donde vivo es mi carcel y mi libertad.
La ciudad donde vivo es un ogro con dientes de oro,
un amante de lujo que siempre quise seducir,
la ciudad junta a dios y al diablo, al funcionario y al travestí,
la ciudad donde vivo es un niño limpiando un fusil.
Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento
Corazón, corazón, corazón, corazón de hormigón
Corazón, corazón, corazón, enfermo de polución
Corazón, corazón, corazón, corazón de neón.
La ciudad donde vivo es un monstruo con siete cabezas,
es un pájaro herido envuelto en papel celofán,
un inmenso barril de cerveza que de repente puede estallar,
la ciudad donde vivo es el templo del bien y del mal.
Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento...
Barcelona, Moscú, Casablanca, Bruselas, Manila,
Roma, Tokio, Los Angeles, Nápoles, Londres, Berlín,
Nueva York, Estocolmo, Donosti, México, Río, Tanger, París,
Nueva Delhi, Caracas, El Cairo, Varsovia, Madrid.
un amante de lujo que siempre quise seducir,
la ciudad junta a dios y al diablo, al funcionario y al travestí,
la ciudad donde vivo es un niño limpiando un fusil.
Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento
Corazón, corazón, corazón, corazón de hormigón
Corazón, corazón, corazón, enfermo de polución
Corazón, corazón, corazón, corazón de neón.
La ciudad donde vivo es un monstruo con siete cabezas,
es un pájaro herido envuelto en papel celofán,
un inmenso barril de cerveza que de repente puede estallar,
la ciudad donde vivo es el templo del bien y del mal.
Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento...
Barcelona, Moscú, Casablanca, Bruselas, Manila,
Roma, Tokio, Los Angeles, Nápoles, Londres, Berlín,
Nueva York, Estocolmo, Donosti, México, Río, Tanger, París,
Nueva Delhi, Caracas, El Cairo, Varsovia, Madrid.
Orquesta Mondragón
Pequeños héroes
11 agosto 2009
Etiquetas: Opinión
Decía Goethe de algunos hombres que la naturaleza podía haber sacado de ellos una buena persona y un bribón, debido a la dualidad de su carácter. Bueno, yo creo que esto es aplicable a todos nosotros. Es como si templar un carácter fuera parecido a obtener un color a partir de unos básicos de pintura; más amarillo, más cyan, más magenta.
Hoy escuchaba en una canción "Y ellos dijeron que un héroe puede salvarnos, yo no voy a quedarme aquí a esperar" Supongo que estamos tan acostumbrados a que alguien solucione los problemas por nosotros que no nos queda más remedio que poner los ojos en alguien un héroe, alguien que agarre el toro por los cuernos. ¿Por qué un héroe? ¿Por qué no nosotros mismos? ¿Acaso no llevamos todos una chispa de decisión?
Yo creo que todos llevamos dentro un pequeño héroe. Todos podemos hacerlo; somos los mismos que caminamos del corazón de África hasta la nieve de Europa y más allá. Somos los mismos que cruzamos el desierto, ¡que llegamos a la luna! ¿A qué estamos esperando?
El autobus
10 agosto 2009
Etiquetas: Fragmentos sueltos
Si alguien hubiera preguntado porqué no se había sentado nadie en ese asiento, a pesar de que el bus estaba abarrotado, nadie habría sabido responder. Los seres humanos guardamos aún un instinto, una sombra del tiempo en el que no dependíamos de nuestra inteligencia. Ese instinto nos hace actuar, a veces, de modo incomprensible para la mente. Sin embargo, ahí estaba el asiento vacío a los ojos de los humanos.
En el asiento de al lado, no obstante, una procesión de gente había estado desfilando, sentándose y levantándose en las diferentes paradas. Quizá alguien notaría el intenso olor a cera, pero nadie oyó los cristales rotos ni el tic-tac del reloj. Y es que, pensó la Muerte, con móviles y aparatos de música en los oídos, las cosas ya no son lo que eran.
Sentada cerca de la ventana, tal y como le gustaba cuando iba en bus, observaba a los mortales en sus idas y venidas. En ese autobús había buenas personas; personas con ilusiones y con familias. Personas inocentes que iban a pagar la masacre de Palestina hecha por los gobiernos. Pero ella no estaba allí para juzgar; ella no decidía quién se iba y quien se quedaba. Miró el reloj, y sacó su lista. Todos los viajeros estaban en ella; no tardaría en llegar.
El muchacho se sentó con actitud inquieta pero firme al lado de la Muerte. Ella lo miró con curiosidad, y quizá con algo de admiración. ¿Cuánto tiempo habría pensado el muchacho en ello? La Muerte lo entendía, vaya si lo entendía. Había estado al lado de los niños en las escuelas, en los hospitales. En los que huían y se escondían, en los que luchaban inútilmente por defender a sus familias. Pero ella no juzgaba.
El chico acarició con cuidado los explosivos bajo su chaqueta, y murmuró
- Alabado sea Alá
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